Administraciones

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Los núcleos urbanos reunen factores muy complejos difíciles de prevenir. La iluminación urbana es uno de ellos. Es difícil saber cuánto gasta un municipio en iluminación urbana y mucho menos prever cuánto gastará al año siguiente.

La mayoría están sobreiluminados, gastando entre un 20% y un 85% más de lo que necesitarían para iluminar las calles y plazas. Se pueden realizar auditorías y estudios para evaluar como está el municipio y en función de ello, establecer un plan de mejora y ajustes que conllevan un ahorro.

Una iluminación eficiente es aquella que ilumina lo necesario sin malgastar. Puede que una calle tenga sus farolas funcionando un 40% por encima de lo necesario, pero seguir sin que se vea bien. Puede deberse a una mala disposición de farolas, a mucha distancia entre ellas, o a obstáculos entre la luz y el suelo. A veces basta con mover un par de metros una luminaria para que la calle cambie de aspecto. Los planes se realizan en función de posibilidades y a largo plazo. Puede que se detecte una mala disposición de las farolas, o una adecuada selección de bombillas. El ahorro no tiene por qué recabar en soluciones caras. El plan puede prevenir problemas y empezar a ahorrar con soluciones sencillas y prever a la larga la instalación de herramientas de telegestión poco a poco.

La telegestión facilita controlar desde un único punto el encendido y apagado de la iluminación urbana, la intensidad, las averías que puedan surgir, programar que estén a un 80% hasta las doce de la noche y luego bajar a un 60% hasta el amanecer. Pequeños ajustes que redundan en un mayor ahorro y eficiencia.

El control y el ajuste sobre la iluminación suponen para las administraciones de los municipios poder prever gastos e inversiones además de aumentar el bienestar en el núcleo urbano para que todos vivamos mejor.